Estadunidenses obsesionados con las armas y el AR-15

Una y otra vez, las peores matanzas en Estados Unidos tienen un elemento común: el uso de un rifle con características próximas a las de un arma de uso militar, relativamente económico y de eficiencia letal.

Se trata del ya tristemente famoso AR-15, fabricado por la gigante Colt, y que nuevamente está en el centro de la tormenta luego de que un joven utilizara uno de esos rifles para matar a 17 personas en una secundaria de Florida.

Es un rifle semiautomático, que puede disparar varios tiros en sucesión muy rápida. Es una versión “civil” del fusil M-16, éste sí un arma totalmente automática capaz de lanzar ráfagas y utilizada por las Fuerzas Armadas estadunidenses desde hace décadas. La comercialización y uso de armas totalmente automáticas están prohibidos para civiles.

Dispara balas de calibre .223, permite alta precisión en distancias considerables y causa devastadoras heridas en tejidos y órganos internos.

Sus balas viajan a una velocidad equivalente a tres veces las utilizadas en armas cortas, y son muy populares entre cazadores profesionales.

El “bump stock”

El mercado estadunidense, sin embargo, desarrolló un dispositivo denominado “bump stock”.

Económicas y fabricadas de plástico resistente, prácticamente desconocidas fuera de Estados Unidos, estas piezas sustituyen el apoyo posterior de los rifles y usan el retroceso del arma para rearmar el dispositivo de disparo. En resumen: transforman un rifle semiautomático en un arma automática capaz de disparar ráfagas.

Así, no es preciso presionar el gatillo repetidamente sino apenas una vez para obtener automatización de los disparos a ráfagas, a una frecuencia levemente inferior a la de un arma totalmente automática.

En octubre del año pasado, Stephen Paddock provocó la muerte de 58 personas e hirió a otras 800 durante un concierto en Las Vegas, utilizando varias armas, entre ellas AR-15 dotados de “bump stock”.

El martes, el presidente Donald Trump anunció que apoya iniciativas para prohibir los “bump stock”, aunque hasta este pequeño paso generó la inmediata indignación de los defensores del derecho a poseer armas.

Barato y fácil

En Estados Unidos, comprar un AR-15 es fácil. Dependiendo del Estado, una persona puede ir a una tienda de armas, presentar un documento de identidad y pasar un rápido chequeo federal.

Allí se verifica si el comprador posee un prontuario o ha sido consignado a una institución psiquiátrica, pero aún ese chequeo puede ser evitado en las famosas “ferias de armas”.

Nikolas Cruz, el responsable por la matanza de la semana pasada en Florida, había comprado legalmente su AR-15 y pasó por el chequeo al hacerlo.

Como tenía 18 años, el chequeo de antecedentes no arrojó ninguna señal preocupante. En muchos Estados basta tener 18 años para comprar un rifle, pero los interesados aún deberán esperar otros tres años para tomarse legalmente una cerveza.

Muchos estadounidenses simplemente buscan comercios en línea y compran armas entregadas a domicilio. El precio de un rifle AR-15 varía pero puede ser comprado por hasta 500 dólares.

Parte de la popularidad de los rifles es que pueden ser adaptados, ya que los dueños pueden comprar libremente infinidad de miras telescópicas y una increíble diversidad de accesorios.

La Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos de Fuego (ATF), el órgano oficial que controla ese sector, no sabe cuántos rifles de asalto hay en Estados Unidos, ya que está prohibido por una ley federal mantener una base de datos con registros sobre armas.

Sin embargo, la Fundación Nacional de Deportes de Tiro estima que la industria vende cada año 1.3 millón de “rifles modernos y tipos similares de armas”.

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