El personaje más importante de House of Cards está escondido

Vayamos atrás todas las temporadas, al inicio, donde ese callejón mugriento nos presentaba la decisión más grande en la vida de muchos: tratar de ayudar a tu perro moribundo o sacarlo de su sufrimiento.

Pero dos cosas están fuera de lugar aquí, Francis Underwood no es definitivamente una persona de perros —por experiencia diría que prefiere tener a un gato— y tampoco es de aquellos que disfruten ayudando a los moribundos, sufrimiento o no ya dejó de sernos útil.
Y en esos aullidos de muerte conocemos al hombre en carne propia, mirándonos a los ojos empieza la función «Hay dos tipos de dolor, la clase de dolor que te hace fuerte, o el dolor inútil. La clase de dolor que sólo causa sufrimiento. No tengo paciencia para las cosas inútiles».
El nombre de Beau Willimon les parecerá conocido, básicamente el que ha estado habitando los títulos por unos cuantos años, escritor y creador de House of Cards, y aquel cuyo despido pasó tan desapercibido ante la nueva temporada que podríamos jurar que todo fue una campaña de marketing fallida.

Una dulce carrera considerando el enorme éxito de la serie, pero antes de dirigirse a la pantalla chica, Beau recorría un mundo tras bambalinas donde observaba desde la gloriosa esquina de los escritores, su última obra de teatro.
Su tema favorito: la política, algo totalmente comprensible al ser esta una de las muchas representaciones teatrales que habitan nuestras sociedades como aquellos rituales religiosos que le dieron “origen” al arte de pagar para presenciar un espectáculo.

Apacible desde su esquina un visitante encapuchado rumiaba los bordes de su cabeza. La idea estaba plantada, y Willimon seguiría sus raíces shakesperianas para verla realizada.