La México, nuevo manicomio

La semana pasada, vìctima de una larga enfermedad, dejò de exitir Francico Ramìrez, abogado de profesiòn, quien durante màs de 3 dècadas 3, fungiò como Juez de Plaza, tanto en la demolida monumental de Ciudad Juàrez, como en la tradicional plaza de toros “Alberto Balderas”; para su señora madre, esposa, hijos y demàs familiares, vayan nuestras màs sentidas y sinceras condolencias, esperando que en la oraciòn, encuentren pronta resignaciòn por tan irreparable pèrdida. Descanse en paz Pancho Ramìrez “El Mago”.

Y los festejos del LXXI aniversario  de la inauguraciòn del coso de Los Insurgentes, convirtieron a la plaza màs grande y còmoda der mundo, La  Mèxico, en un nuevo manicomio taurino, donde se corrieron l3 toros l3 con el de regalo, de dos ganaderìas: Fernando de la Mora y Teòfilo Gòmez, que fueron lidiados por tre Maestros, un  torero de pellizco y un nòvel matador de toros; todas las reses bien presentadas,de variao pelaje y variao juego en el ruedo, pero solamente con una pizca de bravura en uno o dos bureles, porque si bien se cortaron 7 orejas 7, se debiò a que otra vez, los diestros estuvieron muy por encima de los encierros.

Er sàbado 4, el festejop fue un mano a mano entre dos Maestros, Eulalio Lòpez “El Zotoluco”  que se despedìa de los ruedos y el Maestro Enrique Ponce; aquèl, despuès de haber lidao a “Arete”, le cortò una oreja a su segundo enemigo “Voy y Vuelvo”, escuchando un aviso con el ùltimo toro que lidiò de nombre “Toda una Vida”, demostrando el chintololo, su toreo de poder, de torero macho, de torero con pundonor y por què llegò a la cima en el Arte de Cùchares, a quien la aficiòn capitalina, se le entregò dejàndole escuchar el grito consagratorio de ¡torero!, ¡torero!, saliendo a hombros y por la puerta grande con el triunfador de la tarde Enrique Ponce, el que, con su toro elegante, fino, mayestàtico y de mucho arte, enloqueciò al tendido con su primero “Venadito” al que logrò cortarle despuès de una gran faena con er sello de la casa, las  2 orejas 2.

Ponce, con su segundo enemigo “Tumba Muros”, volviò a enloquecer a la parroquia, pero al matar mal, solo logra dar una vuelta en el ruedo en medio de fuerte aclamaciòn, cerrando el festejo con “Aroma de Azahar”, donde er valenciano volviò a mostrar su capacidad torera, paras alir, como ya lo escribimos, a hombros y por la puerta grande, en compañìa del torero de Azcapotzalco. El encierro fue de Fernando de la Mora.

Ya er domingo 5 el Gran Dia del enorme embudo, con toros de Teòfilo Gòmez, partieron plaza, el torero de pellizco Josè Antonio Morante de la Puebla, vestido de obsidiana y oro; el Maestro Juàn Lòpez “El Juli” de teja y oro y confirmando su alternativa, el hidrocàlido Luis David Adame de inmaculao y oro, siendo los triunfadores de la tarde, con su toreo agitanao, er de la Puebla del Rio, quien despuès de matar a “Ramaliego”, esperò a “Muchacho” al que le cuajò una faena de gran sabor sevillano que enloquiciò al graderìo, faena, para nuestro gusto, con menos calidad que su actuaciòn anterior del año pasao, lo que no evitò que el juez le otorgara las 2 orejas 2 de su enemigo, aunque la segunda fue protestada por una gran parte del pùblico. Morante tambièn saliò a hombros y por la puerta grande.

Como Luis Davìd Adame, confirmaba su alternativa, èsta se la otorgò Morante, teniendo como testigo al “Juli” y aunque el de Aguascalientes, realizò una buena faena con el toro de su confirmaciòn, no pudo cortarle la oreja porque la muerte topò en hueso, pero el chaval dejò ver sus echuras de torero bueno, sin embargo el toricantano, tampoco pudo hacer nada, por culpa de los ornùpetas, ni con “Cervecero” , ni con el toro que regalò y que se llamò “Encinillo”. El muchacho va por buen camino, esperemos que asì siga.

Y para rematar esta columna, el que saliò como un leòn enfurecido, luego de la faena de Morante, fue Juliàn Lòpez, quien despuès de haber matado de fea manera a “Abuelo” por culpa de èste, esperò al segundo de su lote llamao “Don Marcos” al que “Er Juli”, le cuajò un faenòn que puso de cabeza a los diletantes que volvieron a soltarle el grito consagratorio de ¡torero!, ¡torero! y aunque pìnchò en su primer viaje, logrò matar al morlaco al segundo intento, logrando cortarle las 2 orejas 2,  bicho a quien inexplicablemente “er señò juè” ordenò que se le diera vuelta en el ruedo, cuando todo lo habìa hecho el Maestro de Madrì, que, como Josè Antonio, saliò a hombros y por la puerta grande. La plaza registrò dos llenos y la aficiòn capitalina, saliò contenta y toreando de su setentona plaza Mèxico. Vale.

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