¿Departamentalizar a la UACH?

 Recientemente el Rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua anuncio el inicio de un proceso de departamentalización de la propia universidad. La noticia empezó a correr en los pasillos, se anunciaba acaso el fin de las formas tradicionales de la institución, en donde 15 notables directivos marcaban el rumbo universitario con un capitán a bordo. La odisea no es fácil y hay que reconocer el gran reto que ello conlleva y en la que los directores de cada una de las unidades académicas así como la propia rectoría tienen en sus manos: transformar a la universidad hacia la excelencia académica y posicionarla a niveles internacionales o seguir igual.

Es decir, la transformación universitaria como ideal está en la mesa de la discusión y del debate público.  Comparto algunas de las inquietudes de la propia universidad, una de ellas es la inoperatividad que existe en ciertas áreas por la burocratización de procesos que a veces dan pena. Trataré de explicarlo brevemente: un oficio para solicitar un oficio. Es decir, se cae en el dilema de hacer tortuosa la vida y la trayectoria académica de alumnos, docentes, investigadores y del propio personal administrativo.

La departamentalización no es encontrar o descubrir el hilo negro. Los casos exitosos de otras universidades responden a los grandes retos de la educación superior, un proceso de mejora continua, un compromiso institucional que está en el papel pero que no ha logrado materializarse. Las Dependencias de Educación Superior (DES) están en la documentación de la institución y avaladas a nivel nacional, pero por alguna razón no se dio continuidad. Es tiempo de definir si se renueva la UACH o muere lentamente absorbida en una agonía lenta y silenciosa.

Ahora bien, hay que definir el rumbo que queremos como universitarios hacia nuestra institución, ese es el tema central. Las actividades sustantivas deben prevalecer como lo es lo académico, la investigación y el extensionismo. Reasignar funciones, realinear personal, organizar nuevos grupos de trabajo, definir objetivos que impacten en los indicadores de calidad en otras palabras realizar una gran modernización universitaria.

Cuando se escucha el discurso de los indicadores de calidad hay que entender de lo que se habla: niveles de titulación, tasas de retención de estudiantes, niveles de aprobación de estudiantes, número de alumnos por cada profesor de tiempo completo, profesores de tiempo completo en el Sistema Nacional de Investigadores, con perfil académico reconocido a nivel nacional, cuerpos académicos consolidados, programas académicos reconocidos por su buena calidad a nivel nacional.

Es decir, la oportunidad de renovarse o morir debe implicar un cambio en las formas tradicionales del trabajo universitario. ¿Cómo hacer más y mejor con menos recursos? ¿Cómo migrar de un modelo de universidad burocratizada a una universidad ligera y ágil? ¿Cómo lograr romper los paradigmas de “seguir haciendo lo mismo” e imponer un modelo de calidad mundial? Esos son los retos a los que debemos empujar en la gran transformación universitaria.

El proceso será largo, necesita etapas que vayan definiendo hacia dónde y cómo. El proceso legislativo será crucial, la transformación de la UACH debe estar avalada en sus nuevas formas de administración con una nueva Ley Orgánica que defina las funciones de los órganos de gobierno cuya reglamentación secundaria permita operar el tránsito del modelo universitario.

Debemos aceptar que no hay una varita mágica que resuelva todo el problema de la universidad, por ello debemos buscar a través del diálogo los consensos que permitan la migración universitaria. Consensar más que imponer, buscar la excelencia académica, la mejora de los procesos del extensionismo universitario y la propia investigación a través de prácticas administrativas que ajusten el presupuesto como una alternativa no sólo como un fin, ya que la transformación universitaria debe tener como eje central la mejora de sus procesos sustantivos.

En conclusión, la máquina de la transformación universitaria está caminando, quien no se suba al tren se quedará rezagado, fuera de la jugada y en consecuencia no sobrevivirá a la renovación. No podemos seguir como universitarios haciendo lo mismo, tenemos que innovar, buscar la calidad, aprovechar las oportunidades y ser rápidos porque el proceso puede tardar años en materializarse.