Corrupción y confianza en instituciones

El tema de la corrupción está haciendo estragos a nuestra sociedad. Desde las imágenes virales de un político que fue dirigente de un partido político, esposo de una diputada y que frente a las cámaras  desmintió haberse embolsado hasta las ligas de los fajos de dólares que recibido de un prominente empresario que financiaba las campañas electorales no sólo de un partido político sinos de hasta dos o tres candidatos que buscaban el poder público. Es decir, a pesar de tener todas las evidencias de corrupción no pasó nada. La confianza ciudadana empezó a desmoronarse y hoy sufrimos esas consecuencias.

 La corrupción está entonces calando hondo, hay muchas denuncias pero no parece pasar algo que frene los excesos de los gobernantes y el afán de enriquecimiento no tiene un freno que pare esa lacra que carcome las finanzas públicas y hace desaparecer las esperanzas de un México autoflagelado donde “La corrupción somos todos”. Ponemos un alto o lo ponemos. En ese sentido nació el pasado 5 de diciembre un grupo disciplinario de académicos mexicanos que tiene como objetivo central la rendición de cuentas y el combate a la corrupción. El liderazgo del proyecto está por el experimentado politólogo y profesor del CIDE, Mauricio Merino Huerta.

 En un estudio coordinado por María Amparo Casar, el 80% de las personas consideraban que la corrupción era un problema serio. Entre los encuestados, se consideraba a los partidos políticos como los más corruptos. Lo anterior explica la poca o nula confianza en los entes que garantizan de laguna manera la transición pacífica del poder, o la percepción de que “todos son iguales” en referencia a los partidos políticos en México (el estudio se puede ver en http://www.cide.edu/wp-content/uploads/2015/05/MXAnatomiadelaCorrupcion_MariaAmparoCasar.pdf).

 La empresa Consulta Mitofsky también publicó sus resultados, coincidentes en las muestras nacionales y locales en lo general. Por ejemplo, los partidos políticos tienen una confianza del 4.8; le siguen los sindicatos con un 4.9; sin diferencia significativa están los diputados, senadores, policía y presidencia de la república con un 5.2 como máximo. Es decir, están reprobadas estas instituciones que representan el poder público.

 Aquí en Ciudad Juárez, alumnos de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) presentaron los resultados de la encuesta “Confianza ciudadana en instituciones” el pasado 30 de noviembre y entre los principales hallazgos, se encontró que los ciudadanos no confían plenamente en las instituciones. También que la figura presidencial tiene un incidencia negativa dentro de la opinión de los fronterizos ya que es en este momento la institución en la que menos confianza tienen los entrevistados, obtuvo apenas un 3.7 de confianza en una escala del 1 al 10 donde 1 es malo y 10 es excelente.

 Otro de los hallazgos mencionados dejaron a la policía en términos generales como una institución que no goza de la confianza y por ende es necesario plantear un nuevo modelo que permita a los gobernados tener confianza en los cuerpos policiacos. Los partidos políticos (4.28), los diputados (3.95) y senadores (4.13)  tienen la más baja de todas las calificaciones. Es decir, las instituciones de elección popular no son confiables en la percepción de los propios ciudadanos que los eligen y quizá ello explique en cierto grado la abstención generalizada en los procesos de elección que hemos tenido en las últimas décadas.

 En conclusión, México está a pocos pasos de desvanecer las palabras del zacatecano Ramón López Velarde. “México creo en ti”, se va olvidando poco a poco ya que las instituciones no son ya confiables en el imaginario de los ciudadanos. Necesitamos instituciones que dignifiquen la política, hombres y mujeres que hagan del quehacer político una vocación de servicio. Son muchos los estudios, las iniciativas de los universitarios y académicos que han dado con sus trabajos un margen de opinión pública de los deseos de una nueva generación que quiere construir un México mejor, con rendición de cuentas y con un alto a la corrupción. Si queremos un México sin corrupción, empecemos por nosotros mismos.

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