Deambula tres días migrante hondureño

El arrojo juvenil de Lenin Espinoza, hondureño de 17 años y la traición de su compañero de viaje diez años mayor que él, le dejaron varado en la ciudad de Chihuahua y sólo pudo continuar su camino gracias a la asistencia y la sensibilidad de personas y organizaciones que le asistieron con un plato de comida caliente y algo más.

Originario del departamento de Colón, región agropecuaria del Caribe hondureño que destaca por su actividad agropecuaria, pasó su infancia y adolescencia ayudando a su padre en las ocupaciones del campo hasta que decidió tomar camino hacia los Estados Unidos, donde se encuentra el mayor de sus once hermanos.

El pasado 31 de Julio llegó a Chihuahua luego de 15 días de trayecto desde Ciudad Hidalgo, Chiapas; luego de cruzar el Río Suchiate en una cámara de llanta, viajó por varios estados hasta el norte del país con traileros que le ocupaban como machetero, ayudante de camión de carga.

Horas de angustia el destino le tenía guardadas a Lenin luego de que su compatriota y compañero de aventura, con engaños le abandonara en el centro de la ciudad para robarle sus dólares, ropa y comida. Ambos compartían maleta.

“Él me dijo espérame aquí, yo vengo…él se fue atrás de Palacio de Gobierno, entonces lo esperé desde las nueve hasta las tres de la tarde y no llegó. No tenía ni para comer ni para un agua, nada, en la calle como decimos (risas). Luego fui a la iglesia y hablé con una señora y la señora me llevó a la presidencia con un regidor de nombre Alfredo Chávez quien me ayudó”

Lenin es hijo de un ganadero de clase media con ingresos suficientes para satisfaces las necesidades de una familia numerosa. No tuvo lujos pero tampoco le faltó alimento, ropa, ni casa y vivía una vida relativamente cómoda en Honduras. Al momento de llegar con el regidor, llevaba tres días deambulando hambriento y desesperado por las calles de Chihuahua sin saber a dónde ir ni a quién recurrir. Su aspecto de muchacho sano y un tanto inocente, aunado a su carisma, le permitieron ganar simpatías de las personas que le asistieron durante su camino, sin embargo en Chihuahua se topó con incertidumbre de encontrarse sólo y sin un peso.

Cuando Lenin pidió ayuda al regidor Chávez, éste le hospedó en un hotel y compró un cambio de ropa, luego solicitó la asistencia de la Pastoral Social de Movilidad Humana por medio de la cual las hermanas de la orden religiosa “Siervas de los Pobres” le brindaron cobijo y la pastoral le gestionó recursos para continuar su viaje y donde el reportero tuvo la oportunidad de documentar su testimonio de migrante.

Hoy Lenin pudiera encontrarse en algún punto de la frontera, a los intentando cruzar la línea divisoria que imponen los Estados Unidos a los latinos, su destino es incierto, pero su caso representa el de miles de muchachos de centro y sur América quienes no conformes de vivir en una situación de relativa comodidad y satisfacción, podrían encontrar un futuro mucho más duro y hostil en el “primer mundo”, donde la mayoría de los obreros trabajan de sol a sol y sólo alcanzan a pagar sus rentas, servicios y alimentación, muy por debajo de las expectativas que supone el “american dream”.

En Honduras le esperan sus padres, hermanos y la novia a que dice amar a quien prometió volver en un futuro no muy lejano y luego de su paso por Louissiana, con el fin de casarse.

“Cada quien nacemos con una suerte, yo sólo le pido a Dios que guarde mis pasos y me proteja de todo lo malo y pues… ni hablar, cuando uno llega hasta acá ya no hay marcha atrás. O pasas o pasas”, concluyó el chico, cabizbajo, sin antes lanzar una risa discreta, nerviosa y transparente.