El paso de Alejandro G. Iñárritu por el festival de Cannes representó su regreso después de Biutiful (premio a Mejor actor en 2010). Esta vez presentó un proyecto innovador de realidad virtual que cuestiona los límites del cine, pues pone al espectador como protagonista de una experiencia realmente intensa, dentro del horror que viven los migrantes en su intento por cruzar la frontera de Estados Unidos. Carne y arena es el nombre de esta nueva sensación –la cual pronto llegará a México–, que la crítica ha definido como el proyecto definitivo de realidad virtual.

“Cannes no es Cannes sin México”, fueron las palabras dichas por el delegado general de Cannes, Thierry Fremaux. Para continuar con las celebraciones del 70 aniversario se reunieron las grandes personalidades de nuestro cine, quienes desfilaron por la alfombra roja en una sesión de fotos especial. Gael García Bernal, Salma Hayek, Diego Luna, Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Emmanuel Lubezki posaron para los medios en este histórico momento.

 

Una jornada de divas

Por otro lado, las estrellas siguen brillando en el Festival de Cannes. La actriz australiana Nicole Kidman desfiló por la alfombra roja para presentar The Killing of a Sacred Deer, de Yorgos Lanthimos (ganador del premio del jurado 2015 por The Lobster). Absurdamente atractiva y estéticamente coherente, en ella vemos cómo una familia tendrá que sacrificar a uno de sus miembros para pagar las consecuencias de un error del pasado. Esta inquietante película ha sido comparada con el cine de Brian De Palma y John Carpenter.

Quien también desfiló por la alfombra roja fue el ícono de cine francés Isabelle Huppert, gracias a su más reciente proyecto: Happy End, del dos veces ganador de la Palm d’Or, Michael Haneke (Amour, 2012). En esta ocasión retrata la vida de una familia burguesa europea indiferente ante una realidad ineludible como lo es la crisis de migrantes. Llamó la atención de la prensa internacional el agudo sentido del humor que ha incorporado en su exquisita puesta en escena.

Por su parte, se presentó finalmente en la Selección Oficial una de las tres películas dirigidas por una mujer: Radiance, de la japonesa Naomi Kawase, quien ganara en 2007 el Gran Prix con The Mourning Forest. En este noveno filme hace una interesante exploración de una mujer que escribe audiodescripciones para gente con discapacidades visuales. Es un filme delicado que nos empuja a pensar en lo que podría sentir o pensar el otro.

Otra propuesta interesante es Western, de Valeska Grisebach (Be My Star, 2001) –parte de la competencia de Un Certain Regard–. Como lo hiciera Buñuel con Los olvidados (1950), la cineasta se adentra en una realidad desde una óptica altamente realista, donde aborda la inmigración laboral alemana de Bulgaria. De un acontencimiento simple extrae interesantes respuestas sobre el modo de pensar en occidente.

Otras películas destacadas

También presentada en Un Certain Regard, Winter River marca el debut en Cannes como realizador del escritor norteamericano Taylor Sheridan –responsable de la aclamada Hell or High Water (David Mckenzie, 2016)–, que logra una historia de tensión en medio del silencio y el abandono de comunidadades marginales de los Estados Unidos, como son la reservas indias.

En la Quincena de los Realizadores, finalmente, fue aplaudida durante más de cinco minutos la ópera prima italiana Cuori Puri, de Roberto De Paolis. Es un filme realmente excepcional que retrata temas universales a través de una mirada profundamente humana y sensible. Narra el encuentro entre Agnese (Selene Caramazza) y Stefano (Simone Liberati), quienes, a pesar de ser de ser de mundos completamente diferentes, encuentran algo que los hará coincidir definitivamente. El filme se ha convertido en uno de los favoritos para ganar la preciada Cámara de Oro que se otorga a la Mejor ópera prima de entre todas las secciones de Cannes.

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