2016: Consolidación o desconsolidación democrática

El año 2016 trajo consigo varios aprendizajes y reafirmaciones que a la vuelta del tiempo es importante dejar en la memoria escrita y oral para que las futuras generaciones aprendan precisamente de las historias que han dejado un legado en la cultura chihuahuense y más concretamente en la comunidad fronteriza de Ciudad Juárez. Al hablar de democracia se toma partido, se afirman o desdeñan tesis y caemos sin duda en puntos ciegos donde el debate teórico se alza como la guía irreversible para explicar los fenómenos sociales. El título del presente ensayo periodístico es precisamente consolidación o desconsolidación democrática.

Por un lado tenemos que reconocer pues que en México se instauró una democracia a través de un proceso larguísimo de tiempo. Este periodo conocido como transición significó que pasáramos de un régimen no democrático a uno democrático, que inició con las reformas electorales del año de 1977 a nivel nacional y que en el plano federal concluyeron con la victoria del Partido Acción Nacional en el año 2000. Si bien es cierto que uno de los teóricos (Robert Dahl) pioneros en el estudio de la llamada “poliarquía” definían que una democracia había llegado cuando había medios de comunicación que cubrieran los diversos actores (candidatos) y se permitiera la alternancia en el poder, descuidaron las formas o dejaron por sentado que era poco probable que hubiera una regresión autoritaria en contra del mundo libre.

Recientemente tuvimos la oportunidad de platicar sobre el tema para Radio Universidad (RU) que transmite en la Ciudad de Chihuahua desde las instalaciones de la Universidad Autónoma de Chihuahua y que actualmente dirige Marco Gutiérrez. En ella se establecía que las enseñanzas del pasado proceso electoral eran al menos tres en un primer acercamiento. El proceso electoral del año 2016 había sido histórico, inédito en sus elementos e inesperado en sus resultados. La gran conclusión era que se había roto el comportamiento electoral.

La explicación que había surgido a pregunta expresa, señalaba que había una crisis de los partidos políticos, una crisis que hoy ponía en serios problemas a la democracia, al bienestar económico y que en conjunto habían pegado en el índice de desarrollo humano (IDH). Es decir, existe en estos momentos un problema serio y una gran crisis de la modernización política. En otras palabras, la democracia no supo dar y satisfacer las necesidades de la sociedad en su conjunto. Si esa es la situación actual, nos espera entonces un año electoral 2018 muy enrarecido y cuyas dimensiones sociales, culturales, políticas y económicas ponen en riesgo la estabilidad del país. No es un discurso del miedo como el del año 2006, es una posibilidad como el triunfo inesperado de Donald Trump en los Estados Unidos.

Al retomar las ideas, el año 2016 trajo consigo un proceso histórico, en el cual, evidentemente se señala que hubo un aumento en el porcentaje de participación ciudadana que de un 30% tradicional que votaba pasó a un 42%. También es histórico porque el PAN pasó a ser la tercera fuerza política y además el candidato independiente a la alcaldía se alzó con el triunfo con más del 50% de los votos de esa elección de ayuntamiento.

Fue inédito el proceso electoral porque desde un inicio y hasta pocas horas antes de que asumieran en su encargo las autoridades electas, se judicializaron cada una de las elecciones. Inédito por el activismo concurrente de las autoridades del Instituto Nacional Electoral (INE), el Instituto Estatal Electoral (IEE), el Tribunal Estatal Electoral (TEE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE). Se añade además la incorporación de nuevas figuras como los aspirantes y candidatos independientes.

¿Inesperado? El proceso electoral dio un “maracanazo” la noche del 5 de junio. Los resultados electorales sorprendieron a los actores políticos, a los candidatos, a los medios de comunicación e incluso a la autoridad electoral. El principio de incertidumbre como un valor de la democracia en sus resultados electorales junto con la alternancia del poder público nos enseñan que hoy vivimos un episodio más de la consolidación democrática de Chihuahua que se convierte de nueva cuenta en punta de lanza en los procesos electorales.

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